Impactos
26/10/2011
Música del XVIII
Libertad Digital
(Por Horacio Vázquez-Rial, Libertad Digital)
Uno podría decir, alardeando, que los griegos consideraban que la poesía era un arte acústica, y quedarse tan ancho esperando que el lector pusiera el resto. Voy a ser más llano y explicarlo en cristiano corriente: hay escritores que tienen oído y otros que son definitivamente sordos. Estos últimos están perdidos para la literatura.
Que estén perdidos no significa que no existan, ni que no publiquen, ni que no vendan, y mucho. Sólo significa que no pertenecen al arte, porque una novela se puede hacer de diversas maneras, y pocas de esas maneras están relacionadas con el arte. El resultado es un relato plano, en el que todos los personajes hablan igual (tengo bien presente una obra rashomoniana de autor local en la que varias personas cuentan la misma historia, cada una desde su punto de vista y, se supone y espera, en su habla particular; pero hete aquí que el joven obrero implicado en la trama se expresa igual que la pija barcelonesa de Pedralbes que comparte cartel con él: exactamente lo opuesto de Últimas tardes con Teresa o, trasladados a Madrid, El gran momento de Mary Tribune) y la acción nos llega poco menos que como una serie de indicaciones de guión.
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