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Jesús Gil Vilda, autor de Crisis de gran mal, fue entrevistado por Óscar López para Página 2
14.03.2011
Puedes verlo en el siguiente enlace: http://www.rtve.es/mediateca/videos/20110313/pagina-jesus-gil-vilda/1044035.shtml
La entrevista se emitió el domingo 13 de marzo en La
2 a partir de las 18:00 horas.
Óscar López:
Guillermo Alonso, el protagonista de tu primera novela,
trabaja en una multinacional química y despega
profesionalmente tras mostrar, vamos a decir, su lealtad. Él
es un alto directivo que ayuda a desmantelar una factoría en
Puertollano y eso le permite irse a trabajar a las oficinas
centrales que están en Manhattan, con un cargo superior.
Allí aterriza con sus ambiciones, sus miedos, sus dudas pero
también con una enfermedad, ya que el protagonista de tu
novela es epiléptico. Esta enfermedad no ha sido muy tratada
desde el punto de vista literario y en cambio tú lo haces.
¿Por qué?
Jesús Gil Vilda: Me interesa el parentesco
que hay entre una enfermedad proscrita, oculta, en que la inmensa
mayoría de los enfermos que la padecen están bien
asimilados en la sociedad y en su vida personal gracias a la
medicación, con la enfermedad de nuestro sistema industrial
y económico que también parece asimilada y oculta
como es la corrupción y las prácticas contables.
Ésta, cuando un buen día se ha recargado lo
suficiente, como este pequeño condensador que está en
el cerebro de un epiléptico, se desparrama de golpe y se
lleva empresas por delante como
Enron o
Lehman Brothers.
Óscar López: Eres químico, has
trabajado para grandes empresas, por lo tanto, dicho de manera
coloquial, sabes de lo que hablas. ¿No has tenido que
documentarte mucho para escribir esta novela, no?
Jesús Gil Vilda: Sí, creo que esto
es algo que percibe el lector desde las primeras páginas: es
una narración desde dentro. Cuando trabajas, te ganas la
vida y escribes al mismo tiempo, como la inmensa mayoría de
los escritores, tienes que ceñirte a aquello que conoces
porque no tienes mucho tiempo para documentarte. El sector
químico lo conozco bien, yo soy químico de
formación. Trabajé como ingeniero de procesos en el
sector químico y actualmente como consultor para la
industria de procesos de refinería y química
principalmente. Luego es una área que conozco bastante
bien.
Óscar López: No es habitual abordar o ambientar novelas en estas multinacionales. En Estados Unidos quizás sí, desde luego, en España no…
Jesús Gil Vilda: Los intentos que se han hecho, como dices, de escritores norteamericanos, van más encaminados al best seller, el típico héroe que desmantela todo una trama de corrupción y salva la sociedad.
Óscar López: Hablas de una enfermedad fisiológica y también de una enfermedad socio laboral. Esto lo combinas perfectamente en la novela y lo haces precisamente huyendo del concepto de literatura de best seller. Haces una apuesta clara por la alta literatura, esta es una novela muy elaborada narrativamente hablando.
Jesús Gil Vilda: Sí, hay una poética del trabajo que no se ha retratado suficientemente en la narrativa de nuestro país y que tiene muchos puntos de interés. Existe una épica, mezcla de ambición y ganas de transformar el mundo que es lo que he intentado retratar. Creo que los paisajes industriales son bellos y que no se incide suficientemente en todos estos conflictos. Tal vez venga del hecho de que un buen número de escritores no han trabajado para la industria. Entonces es muy complicado documentarse y llegar a hacer un retrato creíble y realista.
Óscar López: En cualquier caso hay otra sentencia que también es muy evidente y es que el trabajo no es saludable. Aquí se habla de la enfermedad del trabajo, no de una manera directa pero sí que alrededor de la figura de tu protagonista, Guillermo y de como se desenvuelve en la empresa. Vamos descubriendo que, en el fondo, Guillermo es un enfermo del trabajo, al margen de su enfermedad epiléptica.
Jesús Gil Vilda: Sí, la colisión principal de Guillermo viene del hecho que es una persona de talento que propone mejoras constructivas, él quiere construir, es un arquitecto, como se dice alguna vez en el libro, pero la destrucción le persigue. Hay muchas organizaciones que exigen talento a sus trabajadores para después no hacerles caso. Creo que esto es una fuente tremenda de desazón y patologías.
Óscar López: Los lectores van a poder conocer
mejor como es el mundo laboral en estas grandes multinacionales
pero esta novela va un poco más allá y se convierte
en una novela opresiva, es una novela que tiene un punto
asfixiante, un aire muy kafkiano, incluso. Además creo que
Kafka sale citado también en el libro. ¿Es algo
qué has buscado de una manera especial?
Jesús Gil Vilda: Bueno, te agradezco la
referencia. El proceso de Kafka muestra cómo un individuo de
a pie se enfrenta a una burocracia criminal. Sin llevarlo a este
extremo, creo que he planteado cómo un individuo de clase
media, prolijo, que estudió a la universidad y que tiene
talento; se enfrenta a ese entramado de decisiones corporativas que
a veces nada tienen que ver ni con el beneficio de los clientes, ni
de los empleados ni de los accionistas.
Óscar López: A pesar de todo lo que nos cuentas, de esta situación opresiva, en esta novela también hay espacio para el amor porqué Guillermo tiene dos relaciones amorosas con Cristina y con Claudia. Pero que difícilmente casan con ese mundo profesional suyo. Aquí creo que también hay todo un espacio narrativo para intentar darle una credibilidad a una relación amorosa en la cual no es fácil que el lector crea que pueda salir adelante.
Jesús Gil Vilda: Cristina intenta transmitir al lector la dureza de esta especie de vida monacal del protagonista, en el sentido de que podría haberse convertido en una relación productiva y feliz pero de nuevo el trabajo lo desubica: tiene un ascenso profesional y tiene que irse a Estados Unidos. Claudia representa lo importante que es para Guillermo encontrar su hogar en Nueva York, de hecho en la primera parte de la novela que se desarrolla en España, no aparece su casa en ningún momento, pero en Nueva York su apartamento es un personaje más de la novela y junto al apartamento está Claudia. Es decir, él vive la ensoñación de que finalmente ese va a ser su lugar en el mundo y la pareja es un elemento fundamental.
Óscar López: Se extrae en tu novela que, en general, en las grandes empresas hay un cierto despilfarro de talento. Creo que esto también pasa en otros ámbitos profesionales como por ejemplo en la literatura: no siempre se publican los mejores libros. ¿En tu caso te ha costado publicar esta primera novela?
Jesús Gil Vilda: Cuesta mucho llegar hasta aquí, sí, cuesta mucho. Yo he tenido la suerte de encontrar un sello editorial, El Aleph, y un editor, Bernat Puigtobella, más interesados en sus propios gustos que en las modas. No me puedo quejar. Mandé el manuscrito a dieciséis editoriales y tuve dos positivos; me considero un privilegiado. Pero es cierto que hay muy poco espacio para los noveles.
Óscar López: Químico, directivo de empresas, consultor, guionista de cine y ahora novelista. ¿Y cómo se puede combinar todo eso, Jesús?
Jesús Gil Vilda: Pues difícilmente porqué además soy padre de familia… en fin, con mucha dificultad.
Óscar López: ¿Y el sueño es vivir sólo de lo qué escribes o no, o combinarlo?
Jesús Gil Vilda: No, yo no creo que eso sea productivo. Quizás los escritores caen en la tentación de encerrarse en sus torres de marfil y acaban quedándose sin temas. Creo que hay una retroalimentación buenísima entre tener una vida al margen de la literatura y la literatura.
Óscar López: Bueno, Jesús, no sólo hemos aprendido muchas cosas con tu novela sobre las altas esferas del mundo empresarial sino que también la hemos disfrutado muchísimo por lo que cuentas y por lo que le toca sufrir a tu protagonista. Así que si eres tan amable y nos regalas un fragmento de tu novela…
Jesús Gil Vilda: Como no. Gracias.
“Apoyó el antebrazo derecho sobre la pared exterior de vidrio y también la frente para enseguida estrechar los párpados en un intento de distinguir a los hombres y las mujeres que poblaban aquellos cubículos al otro lado de la plaza. En la soledad violácea de sus monitores, al igual que él, hámsteres atareados en hacer girar la rueda de la economía mundial, porque mientras lo hacen no tienen que enfrentarse a lo que les aguarda fuera: un piso vacío o cargas familiares no asumidas. Le hubiese gustado abrir la ventana con la remota esperanza de que aquel agotamiento nervioso de disipase en el aire fresco de la noche, pero en aquel edificio, como una torre fortificada, no había ventanas, sólo el vidrio liso y uniforme desde la base hasta la cima”.