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19/06/2009
Ray Loriga en la distancia corta con «Los oficiales y El destino de Cordelia»
Trabajar cansa, escribía Pavese. Y no sólo agota el oficio de vivir. El oficio de contar y de escribir también exige puntual su cuota de sangre, sudor y lágrimas. Por eso, aunque escribir no sea como estar tostándose bajo un sol homicida en lo alto de un andamio, los autores de vez en cuando se dan un respiro, dejan de retorcer las palabras, de estrujarlos argumentos, y se entregan, simple, sencilla y llanamente a los párrafos más placenteros.
ABC
Desde los 25 años, en que debutara con «Lo peor de todo», Ray Loriga ha acudido puntual a su cita novelística con los lectores. Apenas hace unos meses, publicaba su última narración, perdón, penúltima, «Ya sólo habla de amor», pero ya está de nuevo en las estanterías con «Los oficiales y El destino de Cordelia» (en edición primorosa de El Aleph Editores), un libro inusual, por su forma, como un libro de los de antes, y su fondo, apenas dos relatos, aunque sean dos hermosas narraciones, nacidas, como él dice, «de la suerte de poder salirme de vez en cuando del modelo novela va, novela viene, y recuperar el gusto por la escritura a secas. Ha sido una experiencia placentera».
No desvelemos aquí urdimbres ni tramas, sólo comentemos que un aura romántica, de morriones de húsar, se cierne sobre «Los oficiales», que el Mediterráneo que cautivó a Byron ilumina con sus atardeceres rojos la pasión tres bandas de «El destino de Cordelia». «Sí, las dos narraciones tienen un trasfondo de romanticismo, supongo que proviene de haber estado leyendo desde hace tiempo a escritores románticos, sobre todo alemanes y centroeuropeos».
Antes que empezar «todas las mañanas desde cero, con el ordenador abierto esperando que me llegue algo», Ray Loriga prefiere un método que ha ido perfeccionando con el tiempo y que consiste, «en pasar bastante tiempo pensando, tomando notas sobre lo que voy a escribir y luego ya subirlo al ordenador, volcarlo. Es un trabajo de siembra y cosecha».

